Anoche soñé contigo

“Anoche soñé contigo.”

Eso es todo. Únicamente tengo la urgencia de contarte que anoche soñé contigo –tal y como antes hacíamos cuando al despertar chopeábamos nuestras respectivas alucinaciones nocturnas en los primeros destellos solares. Hoy no encuentro otra manera de hacerlo que no sea escribiéndote —el teléfono no lo contestas, mis mensajes parecen no llegarte y ya no vives donde solías— entonces te escribo: “Anoche soñé contigo”.

Y aunque escribirte es como lanzar una botella por la borda de un barco en alta mar y dejarla a merced de las caprichosas corrientes marinas—nunca sé si me llegarás a leer, ni siquiera sé si mi mensaje llegará a la costa en la que ahora te encuentras—, al hacerlo me quito la sensación de soledad, me sacudo la impotencia que me da esta distancia impuesta, cincelo la necesidad de gritar a los cuatro vientos que te extraño. No espero respuesta.

El fulgor reverberante de la visión abstracta de tu espectro, con tu mismo rostro e idénticos ademanes de otrora, me han exaltado tantísimo que he pasado la noche entera rebotando de espejismo en espejismo, ansiosa porque llegue el alba para contarte que he soñado contigo. Ha sido tal la excitación que he olvidado tu ausencia, la firmeza tajante de esta separación.

Se asoma el Sol sobre la superficie equilibrando su redondez incandescente sobre un pellizco de corteza terrestre; amodorrado por la febril trasnochada y la salvaje desmadrugada, el astro proyecta sobre el suelo largas siluetas prietas que se curvan en el horizonte hasta perderse de vista. Hemos quedados suspendido en un plano indefinido durante horas. Han sido tan largas las sombras de la aurora que han disuelto todo trazo del argumento onírico, pero he logrado aferrarme a la precisión con que se me han presentado tus gestos cuando sonreías, dudabas, te molestabas, te conmovías, bromeabas, tal y como cuando no eras un mero recuerdo.

Todos los caminos oníricos llevan de regreso a la cama. Con los ojos todavía cerrados acaricio por última vez la sensación de tus dedos tibios surcando mis cabellos.

“Anoche soñé contigo.”

Eso es todo. Únicamente te quería contar que anoche soñé contigo.

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