El asedio a una prostituta

Hace como un mes vimos una película que se llama Bocaccio ’70, que son cuatro historias cortas, cada una dirigida por un director italiano distinto, entre ellos Fellini y Visconti. 

En el último corto sale Sophia Loren. La hace de prostituta. Pueblo al que va, pueblo en el que enamora a todo mundo; todos quieren tener la oportunidad de pasar la noche con ella y, sin ninguna consideración, la asedian hasta el cansancio. 

Pues fíjate en que buena estima me tengo, que me comparé con la Sophia Loren y soñé que yo misma era una prostituta.

Un día, entraba en un restaurante tipo fonda que estaba repleto de hombres. Me rodeaban. Cada vez eran más y más, eran montonales. Me daba  cuenta que me querían violar entre todos. Me asustaba y me trepaba  por el refrigerador a una ventana muy muy alta con marco de aluminio; ahí no me alcanzaban, pero yo estaba apenas sostenida sobre un alféizar angostísimo y ellos intentaban con cucharones y palos de escobas obligarme a bajar. 

Del otro lado de la ventana estaba una calle de terracería polvosa; podría saltar, pero estaba muy alto y tenía miedo de caer mal y no poder correr después de la caída y que entonces sí me atraparan el bonche de hombres. 

Cada vez los mecanismos de los hombres para hacerme bajar de su lado eran más violentos: me lanzaban sillas, calentaban aceite, se trepaban unos encima de otros hasta alcanzar a rozar el tacón de mis tacones rojos. Así que me decidía y me aventaba hacia afuera. Al caer, un jeep que pasaba se detenía para ver si estaba bien, yo no sabía ni cómo estaba.

Me sorprendía cuando veía que me podía levantar, me quitaba la tierra de encima y era muy feliz porque estaba completa. La persona del jeep me volvía a preguntar que si estaba bien, que si quería que me llevara a algún lado. Estaba por decir que sí, cuando me acercaba más y veía que dentro del auto venían un hombre y su hijo como de 13 años y el hombre me decía: “Está feo, pero tú eres una profesional, espero que no te asustes.”

Veía con más atención al niño y tenía cierto retraso. Las intenciones del señor no eran salvarme, sino quería que desvirgara a su chamaco. En ese momento estaba asqueada de los hombres y del sexo y salía corriendo.

Me impresionan mucho las prostitutas y las artistas porno que deben fingir su sexualidad.

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