Debajo del mantel

Mi hermana y yo llegamos a un restaurante. Pedimos mesa para tres pues habíamos quedado de encontrarnos ahí con nuestro Maestro. Era una terraza al aire libre, con mesas cubiertas de unos manteles largos y rosas.

Cuando llegó el Maestro se sentaba entre las dos, entre mi hermana y yo. Llamamos al mesero y le ordenamos de comer y de beber. Mientras que llegaban nuestros alimentos, el Maestro discretamente me empezó a tocar la entrepierna por debajo del mantel. Primero tímidamente, después con atrevimientos. Yo disfrutaba la sensación, me hacía sentir algo así como enamorada, me gustaba el hombre. Comimos y yo lo miraba sonreír, buscaba hacerlo reír. Él seguía provocándome, yo le seguía el juego.

Una vez que terminamos nuestros platillos. El Maestro se disculpó y nos dijo que tenía prisa y se tenía que ir. «Con su permiso. Nos vemos pronto, niñas.» Dijo. Un beso en la mejilla a cada quien y lo vimos pedir su auto al valet parking e irse manejando.

«¡Qué guapo, hombre.» dije yo.

«¡Guapísimo! Me encanta.» dijo mi hermana.

«Me hace sentir maripositas.» Confesé.

Y mi hermana dijo estallando en felicidad: «Ayyy, ya sé, me encanta y adivina qué. ¡Creo que le gusto!, ¡me estuvo tocando la entrepierna por debajo del mantel todo el tiempo!»

¡Hijo de puta!, atiné a pensar.

Anónimo

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