Diferente

Desde hace días que quiero escribirte para contarte un sueño que tuve. Es extraño porque no es precisamente un sueño, lo tuve en la mañanita y de alguna manera tiene una cierta dosis de … ¿voluntad? Tiene más modos de cuento que de sueño, uno de ellos es que se puede contar linealmente… pero es sueño. Por otra parte, reconozco claramente los antecedentes del sueño, como decimos en teatro: “la fuente anecdótica”.

Resulta que una vez nace un niño (o niña) –que yo sabía en el sueño que era yo, pero no tenía mi forma– y era un ser peculiar. Esta cualidad la tienes tú que imaginar: quizá le faltaba algo, quizá le sobraba. Al paso de los años tuvo suficiente conciencia para darse cuenta de que no era igual que los demás. Le comentó esto a su hermano, que con las mangas arremangadas y los pies descalzos sacaba agua con una bomba manual de esas que había antes (parecía un dibujo de cuento infantil).

“Claro que no somos iguales, yo sí soy normal.” Respondió el hermano. Entonces el niño fue con su mamá y le preguntó porqué él era distinto. La mamá le contestó: “Quizás Dios, al hacerte diferente, quiere mostrarnos algo, quiere que aprendamos algo.” (Dato curioso: yo no creo en Dios)

Entonces el niño –que era yo, aunque con otra forma– estuvo seguro de que tenía una misión en este mundo, que tenía algo muy concreto qué hacer. Se le ocurrió que ese quehacer era  criticar a la gente, hacerle saber en qué estaba mal y porqué: “A tí te va mal por tal cosa y tal otra”; “tú no vas a llegar a ningún lado por esto y por lo otro.” Pero se dio cuenta de que la gente no lo apreciaba, no les agradaba que les dijeran sus errores. Entonces pensó que lo que tenía que hacer era decirles su futuro: A tí te van a traicionar, tú en cambio, vas a ser muy rico, etc. Pero, ya sea porque lo que decía era cierto o porque no era cierto, la gente no lo apreciaba; no conseguía su aceptación.

Un día vino un hombre a visitarle. Al mirarlo, sin saber cómo, el niño empezó a cantar una canción. Cantó y cantó, sin tener nada ensayado; las palabras y la tonada salían de su boca sin que él hubiera inventado nada anteriormente. De pronto vio que el hombre derramaba una lágrima, la vio correr lenta por la mejilla del hombre, silenciosa y entonces el niño (que era yo) supo qué era lo que tenía que hacer, porqué Dios lo había hecho como lo había hecho y qué esperaba la gente de él. Supo que tenía que cantar, que contar historias: de un hombre que camina, de un árbol que crece, de una pareja que aprende a amar. Y así vivió en adelante, sabiendo y haciendo lo que tenía que hacer. 

Comentarios: Chava compró un libro que se llama Jesús Brest, o algo similar. No lo leí porque no tuve tiempo, pero le eché un ojo a las ilustraciones y trata justamente de un ser que nace sin brazos ni piernas. De ahí una motivación para el sueño. Otra más es la película “El gran Simón”, donde un niño enano tiene la seguridad de que Dios tiene un plan para él. Otra motivación creo es mi propia vida y mi actual circunstancia. Ah, me acuerdo de otra cosa: Hace muchos años tomé un curso de reiki. Había ahí una mujer que tenía una hija enana y le preguntó a la maestra porqué o qué debía hacer con ella. La maestra contestó: “Quizás es kármico”. Otro comentario que quiero hacerte es que el sueño era a la vez narrado, quiero decir, como que lo estuviera escribiendo. Cuando desperté se lo conté inmediatamente a Chava y al hacerlo (y ahora también mientras escribo) me corrían lágrimas de manera incontenible pero serena.

Bueno, este es mi sueño. Te lo regalo con un beso.

Leticia Valenzuela Gómez Gallardo. Actriz, activista social y ambiental, madre de dos y compañera de Chava desde hace cuarenta años. Ama tanto lo que hace que no se da cuenta de lo mucho que trabaja; se considera así misma una flojonaza. 

2 comentarios

  1. Ser uno con todo lo viviente, volver en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza. A menudo alcanzo esa cumbre…pero un momento de reflexión basta para despeñarme de ella. Medito, y me encuentro como estaba antes, solo, con todos los dolores propios de la condición mortal, y el asilo de mi corazón, el mundo enteramente uno, desaparece; la naturaleza se cruza de brazos, y yo me encuentro ante ella como ante un extraño, y no la comprendo. Ojalá no hubiera ido nunca a vuestras escuelas, pues en ellas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea; ahora estoy aislado entre la hermosura del mundo, he sido así expulsado del jardín de la naturaleza, donde crecía y florecía, y me agosto al sol del mediodía. Oh, sí! El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona… F.Hölderlin (this last sentence always obsessed me!)

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