Del libro sobre las rocas del mar

Es un día plácido junto al mar. El cielo se ve azul diáfano, son pocas las nubes y el clima es agradable. Pudiera ser de mañana o mediodía.

No estamos en una playa de arena suave y extensa, sino en un sitio rocoso donde el nivel de la marea permite caminar entre las rocas siempre y cuando uno lo haga con precaución. Aunque nadie tenga porqué preocuparse, al menos no por el momento, me inquieto al advertir que de manera gradual la marea no deja de subir.

Más atrás, no muy lejos de los riscos donde me encuentro, hay instalada una feria. Están levantados varios toldos de lona donde se exhiben distintos objetos y se llevan a cabo múltiples actividades. Estoy consciente de que Verónica está participando en algunas de las actividades o, al menos, está interesada en lo que ahí sucede. Yo, mientras tanto, sigo “con un ojo al gato y otro al garabato”: al mismo tiempo que contemplo el paisaje a la orilla del mar, no dejo de estar atento al comportamiento del oleaje.

Voy caminando sobre las piedras negras cerca del agua cuando advierto que a pocos metros de distancia, sobre una roca detrás de mí, hay un libro cerrado con la portada hacia arriba. Procuro identificar el título desde donde me encuentro, pero me es imposible, la agudeza de mi vista ha menguado por la edad. Por más que me esfuerzo no alcanzo a saber de qué libro se trata aunque tengo la impresión de que lo reconozco por los colores y el diseño de la portada.

De pronto, la situación toma un giro peligroso, de alguna manera predecible: el oleaje se hace cada vez más fuerte, el viento sopla con mayor intensidad y las nubes empiezan a desplazarse con suma velocidad. Pero lo que realmente desata la alarma es cuando volteo de nuevo hacia el libro, veo que el agua ha arrancado ya la portada y unas cuantas hojas más. Angustiado noto que está comenzando a deshacerse y el riesgo de que la corriente del agua termine por arrastrarlo mar adentro es inminente. Decido correr a salvar lo que queda del libro, que ahora me doy cuenta con desesperante claridad es de Verónica y que, por algún extraño motivo, alguien lo ha dejado en aquel lugar.

A pesar de mis esfuerzos, cada vez más desesperados por salvar el libro de Verónica, en un instante el oleaje se ha hace demasiado fuerte, la marea sigue elevándose rápida y destructivamente y lo único que quiero es ir por ella para salvarla de una inundación en la cual todos vamos a acabar ahogados. Corro entre los toldos del evento, la gente no sabe del peligro terrible que corre estando ahí. La altura de las rocas no les permite advertir lo embravecido del mar. Únicamente yo sé de la desgracia que se aproxima.

Alcanzo a escuchar a lo lejos su voz. Su charla suena tranquila y despreocupada. Está metida en una plática con la demás gente, pero yo no veo a nadie. Grito y grito cada vez más desgarrado: “¡Verónica, Verónica, Verónica!” Estoy consciente de que no me puede escuchar por el sonido del viento y del mar. Por más fuerte que grito ella no responde. Si continúo gritando de esa manera voy a terminar afónico y entonces lo peor sucederá, pues ella ya no podrá escucharme y no podré salvarla ante la fuerza del mar.

Ahora todo este asunto me hace sollozar, soy incapaz de rescatarla. ¡Cuánto me duele! Sigo llorando entre el rugido del mar. Despierto angustiado.

Cuando alguien me pregunta “¿cómo vas?” y contesto: “hay momentos buenos y momentos malos”, siempre tengo la impresión de que no estoy dando una versión completa o verdadera; hay algo que se mantiene oculto, incluso para mí. Pienso que miento o que estoy siendo cínico de alguna manera. Si en esos momentos pudiera recordar nítidamente mis sueños, la gente entendería lo que está pasando en realidad.

Moisés Rozanes Tassler. Mi papá favorito. Psiquiatra que recomienda nadar a primera hora en agua helada como terapia curativa y medida preventiva para conservar la salud mental. 

3 comentarios

      1. Termino de leer con un un nudo en la garganta. Un texto esrtremecedor, tanto, que estoy en las rocas y en la tempestad, con una tristeza de fondo, sin pablabras que expresen lo que entendí.
        P.D. Celebro que lo hayas hecho, la escritura, Vero lo sabe, amansa las tempestades.
        Marina Saravia

        Le gusta a 1 persona

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