Rubén Enoc

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Me parece que a Rubén son muy pocas cosas las que lo logran alterar, es un tipo afable, de buen carácter y aun así en su trabajo sabe imprimir un lado sombrío e intenso que simplemente me chifla. Me consta que puede pasar horas —dos o tres— atorado en el más desgraciado tráfico de la Ciudad de México y llegar a su destino con la mejor de sus sonrisas, con esa cara de buena persona que tiene y con toda la disposición del mundo para trabajar. Cómo lo logra es un verdadero misterio.

Rubén es egresado de la carrera de Comunicación, es decir, en pocas palabras es un todólogo. Le hace a la foto fija y al video, pero también al guionismo, a la producción, a la cocinada, etc., etc. Porque a Rubén le gusta la vida, le gustan: las vistas de la ciudad desde la montaña, las plantas, la Birria de La Polar, los tacos de Los Panchos, ir al cine a ver la última película de Gaspar Noé con una bola de amigos, la introspección, las nuevas sensaciones, la música que lo transporta a otros ambientes, a otros mundos, viajar al desierto, a la playa, a otra ciudad y al pueblito. 

A Rubén lo conocí cuando él dirigía un video comercial en el que yo participaba. Era una campaña de “Regreso a Clases” y yo debía aparentar quince primaveras, siendo que las rebasaba al menos por diez. Me cargaron de maquillaje y me sentía viejísima. La grabación se hizo amena y pude abandonar mis inseguridades a medida que platicaba con Rubén. No recuerdo cómo empezamos a hablar sobre nuestro gusto por la comedia e incluso nos planteamos la idea de tomar un taller de clown juntos. Jamás logramos nuestro cometido por equis o ye motivos, pero lo que sí hemos logrado es mantener el contacto y la amistad.

La entrega y el compromiso de Rubén son independientes al depositario. Después de largas jornadas de trabajo de oficina y de filmación, Rubén se quedaba editando hasta bien entrada la noche el video de Ciegos. De igual manera, si sus plantas –la buganvilia, la palmera, la no sé cuál más— tienen que ser regadas tal día a tal hora no se dará ninguna licencia y les cumplirá infaliblemente también a ellas.

Han pasado siete años desde que nos conocimos. Siete años en que ambos hemos pasado por importantes operaciones quirúrgicas, grandes pérdidas, pero también por grandes logros y satisfacciones. Siete años de hacernos más viejos y, quisiéramos creer que, también menos tontos. Y ahora por fin hemos logrado aterrizar dos de los muchísimos sueños que hemos compartido: “Detrás de la Portezuela” y “Ciegos”

Hace poco más de un mes, Rubén dejó la agencia de publicidad en la que trabajaba para independizarse como fotógrafo. Tengo la seguridad de que con su talento y encantadora personalidad le va a ir de maravilla, no obstante, no quiero dejar pasar la oportunidad de desearle la mejor de las suertes.

Rubén, que en siete años más seas más sabio, que estés muy satisfecho con tus decisiones laborales y personales y que podamos seguir compartiendo juntos muchos sueños más, se te quiere harto.

Ver su colaboración en En Sueños aquí:

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