Emmanuel Adamez

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Licenciado en Historia por la UNAM, con especialidad en Historia del Arte. Actualmente fotógrafo oficial de la Coordinación Nacional de Danza. Ha sido también fotógrafo del Centro de Producción de Danza Contemporánea (CEPRODAC). Emmanuel ha colaborado periódicamente desde 2013 en proyectos para la Secretaría de Educación Pública y un año en la Editorial Castillo haciendo libros de texto y como iconógrafo.

Cuando le pregunto cómo fue que comenzó con la fotografía, Emmanuel responde: “Mi abuelo me regaló su cámara viejita: una Practika de metal de esas súper viejitas. Profesionalmente, digamos que desde 2011, pero cuando decidí que quería esto para todo mi vida fue en el Encuentro Nacional de Danza de Guadalajara.”

Desde mi perspectiva, la historia de quién es Emmanuel Adamez se remonta a inicios del 2014, hace ya casi seis años, cuando ambos escapamos unos días de la Ciudad de los Palacios y tratamos de ahogar nuestras penas en el agua dulce de los cenotes de la península de Yucatán. 

En aquel entonces, un amigo circense, Eduardo Morales, pasó a recogerme en el aeropuerto de Cancún acompañado por un joven de sombrero y guayabera, que pronto supe se llamaba Emmanuel y era fotógrafo. También me enteré de que, aunque no hacía mucho tiempo había comenzado a fotografiar de manera profesional, ya tenía cierto reconocimiento entre el gremio de las artes escénicas, en el cual Emmanuel estaba particularmente interesado. 

Eduardo, generoso como siempre ha sido, nos abrió a Emmanuel y a mí las puertas de su pequeño departamento en Cancún. Después de vagar por la playa y la ciudad, platicando y haciéndole compañía a nuestras respectivas soledades, nos fuimos a dormir temprano. Ellos caballerosamente, pasaron la noche en hamacas que colgaron intrincadamente en la sala del departamento, mientras que yo dormía, como reina, plácidamente en el colchón dispuesto sobre el suelo de la habitación.

A la mañana siguiente, Eduardo y Emmanuel tenían programada una sesión de fotos debajo del agua, para probar una funda que había adquirido Emmanuel recientemente y con la que se podía sumergir la cámara. Eduardo había convocado a amigas bailarinas y acróbatas, para que, junto con él, fueran los objetivos de las fotos. Me invitaron a colaborar, pero no quise. Estaba hecha un guiñapo y hablaba y existía más por una inercia vital que por otra cosa. Creo que, de algún modo, los tres nos encontrábamos de cierto modo, abatidos y atormentados; éramos como los tres tristes tigres tratando de tragar trigo de un trigal. 

En cuanto salió el sol nos trepamos los tres en la camioneta de Eduardo, junto con sus cuantiosos metros de tela, cuerda, poleas y demás instrumentos de circo. Llegamos al cenote y no tardaron las chicas en llegar. Yo me quedé sentadita en la orilla nomás mirando a los estéticos cuerpos de los artistas que se contoneaban bajo la superficie en una danza sin gravedad, suspendidos por el tiempo y en el espacio. Emmanuel cada vez que salía al aire a tomar aire, se mostraba emocionado con lo que veía a través de su lente. La luz del sol se filtraba por el verde de la vegetación tupida y le daba a todo un aire misterioso. El resultado de esta sesión de fotos fue primoroso. Fue el primer trabajo que conocí de Emmanuel y quedé encantada por la manera en que su cabecita podía anticipar la hermosura que se captaría en una fotografía.

El interés de Emmanuel por las artes escénicas era, desde entonces evidente. Cautivado por el movimiento y la belleza en las formas adquiridas en cuerpos de bailarines y acróbatas, Emmanuel refleja a través de su fotografía esa admiración y comparte, hasta con el ojo menos entrenado, una visión sublime de los espectáculos que fotografía. 

En marzo o abril de aquel estrenado 2014, Emmanuel me invitó a acompañarlo a hacer fotos a Mazunte, Oaxaca, donde se celebra, año con año, desde 2011, el Festival Internacional de Circo. El recuerdo en mi cabeza de esta experiencia es agridulce. Es un recuerdo con colores de atardeceres y de una carpa de circo policromática; con aroma a mariguana y a sudor alegre; pero con el peso aplastante de los antidepresivos. En las noches nos comieron vivos millones de mosquitos acechantes; en el día, con los párpados entreabiertos por los químicos, absorbí los delirantes y fantásticos actos circenses y la convivencia de Emmanuel con sus amigos cirqueros entre el mar y la arena. Emmanuel era como un niño que disfrutaba de su trabajo y hacía lo que le placía cómo le placía.  

Poco después de regresar de este viaje, Emmanuel y yo, sobre todo, platicábamos entre nosotros sobre lo que nos apesadumbraba: el cáncer de su papá, el cáncer de mi mamá, la situación complicada financiera, los abusos laborales, los sueños rotos, las fracasadas relaciones de pareja y el desgaste emocional de todo lo anterior. Así nació en nosotros la idea de colaborar en unas fotos que reflejaran esta pila de tristeza y melancolía, como una manera de darle carpetazo a la etapa. Recuerdo que aquella vez, Emmanuel me maquilló, pronunció mis ojeras con sombra negra, y vagamos juntos por las góticas calles de la Colonia Juárez, aprovechando sus recovecos sombríos como fondos para las fotos. No sé para Emmanuel, ya que nunca tuvimos oportunidad de discutirlo, pero para mí, esa sesión de fotos fue, no sólo terapéutica, sino salvadora. El arte cura y los amigos son el verdadero sentido de la vida.

Meses después de esto, en junio del 2014, se celebró en Guadalajara el Primer Encuentro Nacional de Danza, sobre el que Emmanuel hace poco escribió en su cuenta de Facebook:

“Para mí el Encuentro Nacional de Danza significa mucho. En el de Guadalajara, fue donde confirmé que la fotografía de danza era lo que quería para mi vida. Aquella vez me fui sólo con un boleto de ida a Guadalajara, sin hospedaje, ni dinero, ni acreditación. Me fui así sin más, esperando tener un poco de suerte y poder fotografiar. Mañana me voy de una manera totalmente distinta y como siempre emocionado por ver danza.”  (13 de noviembre del 2019)

Después de haber sido Emmanuel mi compañero de tristezas, me enorgullece y complace anunciar que ya no más, que ahora nos hemos reencontrado en este proyecto de los sueños, llenos de júbilo y de esperanza. Que así sea por siempre. Amén.

Ver su colaboración para En Sueño Aquí:

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