Autódromo

Fue mi aparatoso derrumbe lo que detonó la irregular interrupción del tiempo; por una micronésima de segundo el mundo dejó de girar, los astros hicieron huelga y se negaron a seguir el rumbo de sus órbitas, la energía vital encontró un cómodo reposo y, después de años de continuo ajetreo, a los habitantes del Universo nos dio tiempo de, con calma, repasar en cámara lenta cómo es que se habían sucedido los últimos instantes de nuestras vidas.

En la bruma

De repente, me percaté de que, al fondo, la presencia de otra figura ajena al vaho transgredía el diáfano albor. Al principio, tan solo era una silueta borrosa, después, acostumbrando la vista y aproximándome unos pasos más, se reveló ante mí el perfil de una mujer cubierta con bata de baño y una toalla enroscada como serpiente sobre su cabeza a modo de turbante.

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