Atrapada

Únicamente puedo entender al mundo desde la localidad con vista parcial que se me designó en el teatro de la vida. Puedo ver mis manos, mi ombligo, mis pies, mas para ver mi rostro requiero de un objeto que lo refleje.

Iguana encriptada

Antes de irse, mi papá y mi hermano me repitieron hasta el cansancio que era de suma importancia que nadie más se enterara; que en el desafortunado caso de que llegara a los oídos de alguien más era indispensable disipar toda sospecha evadiendo preguntas comprometedoras con respuestas ambiguas e insinuaciones tramposas con heroicos silencios. Recalcaron era primordial que el código permaneciera bajo celoso salvaguardo.

Autódromo

Fue mi aparatoso derrumbe lo que detonó la irregular interrupción del tiempo; por una micronésima de segundo el mundo dejó de girar, los astros hicieron huelga y se negaron a seguir el rumbo de sus órbitas, la energía vital encontró un cómodo reposo y, después de años de continuo ajetreo, a los habitantes del Universo nos dio tiempo de, con calma, repasar en cámara lenta cómo es que se habían sucedido los últimos instantes de nuestras vidas.

En la bruma

De repente, me percaté de que, al fondo, la presencia de otra figura ajena al vaho transgredía el diáfano albor. Al principio, tan solo era una silueta borrosa, después, acostumbrando la vista y aproximándome unos pasos más, se reveló ante mí el perfil de una mujer cubierta con bata de baño y una toalla enroscada como serpiente sobre su cabeza a modo de turbante.

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